Com dije en mi anterior post (aconsejo leerlo aquí) este 2019 iba a volver con fuerza en la producción de Drosophyllum lusitanicum, la hecho de menos. Ese olor a miel que inunda el invernadero es adictiva.

Bien, la mejor época para la siembra de esta especie es desde otoño hasta finales de invierno o principios de primavera, aunque en la naturaleza suelen germinar en otoño. Mi consejo es hacerlo en otoño porque cuando llegue el verano las plantas estarán lo suficientemente desarrolladas para
soportar bien altas temperaturas y periodos sin riego, simulando su hábitat natural. No obstante, las veces que yo las he sembrado ha sido en Febrero y se desarrollaron bien.

Lo primero se necesitan son las semillas, y para mantener la viabilidad durante bastante tiempo las guardamos muy bien en nuestro banco de semillas de plantas carnívoras el que ya hablaré más detenidamente en otra entrada. Decir que las semillas de Drosophyllum  tienen viabilidad durante unos cuantos años, puesto que forman parte de las primeras plantas que colonizan la zona tras un incendio, y como no hay incendios cada año, hay que esperar. Ese es uno de los motivos por el cual tienen la cubierta de la semilla gruesa.

Existen diferentes formas de germinar las Drosophyllum, pero yo os expondré 2, la primera es la que he utilizado esta vez y la segunda es la que he leído en un artículo científico que se utiliza cuando se realizan experimentos con esta especie.

  1. Esta vez he escarificado las semillas rompiendo parte de la cubierta, raspando con un bisturí o incluso realizando una pequeña fractura. La parte que he raspado es la más gruesa de la más ancha de la semilla, la zona dónde no se debería encontrar el embrión, sino el cotiledón, así si me paso con el corte, no me cargo la germinación. Después de escarificar las semillas una por una, las he puesto en remojo 24 h y las he sembrado directamente en la maceta definitiva.

2. La segunda opción que afirmo que nunca he probado es la que utilizan en la Universidad de Cadiz en sus investigaciones con Drosophyllum lusitanicum, que consta de simular el paso de un incendio exponiendo las semillas al horno a 100ºC durante 5 minutos. Si, como habéis leído, 5 minutos a 100 grados, obviamente sobre una superficie no metálica. Los resultados de esta práctica dan un 80% de germinación frente a la control (sin estratificar ni tratamiento) que quedan con un 20%.

En esta primera siembra se han depositado 60 semillas en macetas de barro gruesas, para que actúen de aislante térmico en verano y como sustrato se ha utilizado fibra de coco natural 100% y arena de sílice en proporción variable (aporximadamente un 75% fibra de coco y un 25% arena de sílice).

Se han sembrado 3 semillas por maceta, ya que en macetas grandes el crecimiento de la Drosophyllum no se ve afectado por el crecimiento de otros individuos en las misma maceta. Al tratarse de macetas de plantas madre, se ha optado por esta opción.

Las semillas se han depositado sobre una cama de arena y cubierto con 1-2 mm de arena. El riego hasta la germinación se hace por pulverización. Si todo es correcto, y dependiendo de las temperaturas, que en el invernadero en Enero rondan los 20-25ºC  durante el día y 2-6 durante la noche deberían germinar en 2-3 semanas.

Estaremos expectantes…